Romance de la traición

 a traición es un gusano 
que vive en la gusanera
se mueve por intereses
nacidos de su simpleza
un hambre indomesticada
el saldo de una indecencia
treinta monedas de plata
para una vida de mierda.

Si se traicionan los sueños
corrompes la primavera,
debajo de tus alfombras
vas escondiendo miserias
olvidos que te delatan
despojos de sementeras
inclinaciones del miedo
de ver tu rostro de cera
reflejado en los espejos
que siempre miran de cerca
tu cara de felonía
tu jeta de filoxera.

La traición es como un sello,
te va manchando, te impregna,
ella te acota sus marcas
tú vas dejando tus huellas,
ella te talla los trajes
tus dientes cinchan las muescas
que vas dejando los rastros
como una alimaña tensa,
para que quede bien claro
en los claros de la selva,
que si descansas huyendo
descansas como las fieras.

Un parto del invisible
corazón de sinvergüenza
que va latiendo entre sombras
los pálpitos sin defensa
de su afán protagonista
de su sangre traicionera,
de su imagen reflejada
como un Narciso cualquiera
que aspira a ser el primero
de la prole principesca
aunque haya de caer toda
la fama de los profetas,
los mundos y los imperios,
los dominios, las riquezas,
ganados a sangre y fuego
con el sudor de la guerra.
Él ha de quedar primero
aunque todo desaparezca.

Mal haya el malhadado
con su sangre traicionera.
Quede prendido por siempre
en la faz de su quimera.

Romance de K. que no cree en el amor

 L desierto tiene vergeles
entre kilómetros de arena
¿no te importa que nunca llegue
el agua que lava la ausencia?

   ¿Prefieres la pura intemperie
de la soledad y la nada,
estrellas desnudas, relente,
silencios que pulsas sin ganas?

   Perdido por los pareceres
de tus opiniones devastadas
tal vez el amor sea una suerte
de imprecisión y encrucijada.

    Un lugar donde la voz huye
llevada por vientos remotos,
donde las ganas te consumen
la sed de un cálamo sin fondo.

   Ya no lo escuchas, no lo quieres,
lo que ofrece no te compensa,
los oprobios de los ponientes,
las fatigas de las cadencias.

   Sus postulados sobre el orden
sus religiones hociqueras,
sus penurias, sus devociones,
sus simulacros de decencia,

han consumido tu deseo,
han desgastado tu clemencia,
han contribuido a la escasez
del alma que gime y se enferma.



P.D. a Antonio Escohotado,
cascarrabias inveterado.






Romance de las monjas cerveceras

 aseando por las calles
de un  barrio de la ciudad
me fui perdiendo en la tarde
sin saber por donde andar.

A la vuelta de la esquina
me llevé la gran sorpresa,
las monjitas del convento
tomándose unas cervezas.

Cuando estaban calentitas
se pusieron a cantar
“arriba con los pecados
que vamos a confesar”.

“Si nada humano es ajeno
para las hijas de dios,
probemos con otros vicios
probemos la perdición.

Sepamos lo que es el mundo,
las gentes, los feligreses,
las mujeres de la vida
y los morlacos candentes,

los ladrones, los perversos,
los grandes corruptores,
los que se afanan un duro,
los que se roban millones.

Los que regalan su sombra.
los que reparten sus dones,
los pobres mas desgraciados
que no quitan, siempre ponen.

Igualitos que nosotras
que vivimos desprendidas,
siervas de los sentimientos
que no toleran la vida.

Pongamos echar un clavo,
digamos una blasfemia,
será la mejor manera
de conocer las sentencias

que condenan a los hombres
a ser esencias absurdas
y a sus absurdos destinos
que no se terminan nunca”.

El grupito de las monjas
ya se iban arremangando,
entrando en el desvarío
de los delirios borrachos.

Cantando, ranas obscenas, 
letrillas de desparpajo,
por escapar del bochorno
me fui largando despacio.

Que está bien la libertad
que busca sus soluciones,
y el fervor que mani-fiesta
las represiones del orden.

¡Vivan las monjas alegres
y los obispos pendones
que la vida son dos días
no nos toquen los cojones!


P.D. Dedicado al ex-obispo de Solsona
         humano, demasiado humano.

Romance de la República Interior

 e bajado por la orilla
anaranjada del tiempo.

Las ramas que de los árboles
defienden brisas y cuervos,
las corsarias caracolas
que acogen el mar adentro,
las pequeñas maravillas
que defiende el yo del ego,
para que formes tu esencia,
tu persona con su verbo,
más allá de lo aparente,
más allá de ti y más lejos,
me acompañan con solvencia
por las venas que el silencio
va abriendo en las arboledas
anaranjadas del tiempo.

Toda la virtud es poca
para entrar por los senderos
que cercan los mil demonios
del bosque de los deseos;
salud y valor te exigen
para entrar en los aciertos
del cristal que nos revela
el coral del indefenso,
la íntima sangre que pulsa
el corazón del secreto,
allí donde la palabra
dicta su labor y el sueño
anticipa que la vida
es siempre descubrimiento.

Fortaleza y resistencia
para parar al ejército
que busca la confusión
con el barullo del miedo;
que nadie pierda de vista
que todo viene del cuerpo,
el valor y la salud
y el alma que vive dentro,
las verdades que cultivan
las joyas del intelecto,
un invisible tesoro
del que somos manifiesto,
soldados de su república
ministros de su gobierno.  

Romance Judío

 Aquellos que siembran con lágrimas 
 harán la cosecha con una sonrisa.
-Proverbio Judío-


unca el dolor será en vano,
 el sufrimiento te arropa,
 guarda tu alma, es un tesoro
 que vive sobre las modas,
 te protege y ha dispuesto 
 para ti su mejor hora,
 la del silencio que asume
 la conversión de la aurora
 que renace con el día,
 y se duerme con la sombra.     

Romance del Cantor

 adie se sienta ofendido
 por lo que vengo cantando,
 a veces canta un cretino
 y a veces canta mi hermano.
  
 Nunca un felón escondido
 nunca un traidor traicionando,
 más bien por lo que parece
 es la ficción de un imago,
  
 la ensoñación de mí mismo
 con el que vengo callando,
 las verdades del amor
 que van cantando los pájaros.
  
 Con esta extraña pasión
 de cantante demorado,
 doy de comer al demonio
 y a los ángeles, si acaso,
  
 que combaten sigilosos
 por ocupar el espacio
 de mis voces compungidas
 de mi espíritu alterado,
  
 por querer saber el cómo,
 por querer saber el cuando
 ha de venir el placer
 del agua fresca del canto,
  
 el silencio rumoroso,
 el rumor que intuye el santo,
 el santo de las verdades,     
 la verdad que encanta el canto.            

Romancillo de la Ofuscación

vanzando en el pantano
 lentas raíces y  barro
 van atrapando tus pies
 y te quitan los zapatos
 solo buscas una nube
 quieres encontrar un claro
 un dulce cañaveral
 para salvarte soñando
 que la luz es un refugio
 un cordel que va tirando
 de tu lenta vida torpe
 de escritor de garabatos
 que te tire y que te ayude 
 a salir del entramado.
  
 El claro se vuelve oscuro,
 las nubes, emborrachando,
 se hacen negra tormenta,
 deslumbres de falsos rayos,
 delirios con amapolas
 crepitan tus desengaños,
 presientes las humedades
 desnudas en tus costados,
 los cangilones del miedo
 traen agua del sobrado.
  
 Si no entiendes las señales
 de los vientos desatados,
 ni son claras las pasiones
 ni nobles los desalmados
 que dicen buenas palabras,
 arquitectos del engaño,
 si todo es dulce manera
 para engolar al esclavo,
 será mejor que despejes
 tu ofuscación de atrapado,
 relecto animal sin suerte
 y busques desaforado
 un lugar desconocido
 para ser hombre preclaro.  

Romancillo de andar por el bosque

ndando por el bosque
 sin fin ni mandamiento
 me encuentro con la sombra
 que vive en el silencio
 apariencias  sutiles
 deslumbres de misterio
 saltos que de las aguas
 hacen sus pensamientos
 líquidos y fugaces
 rumor de palimpsestos
 palabras que se oyen
 escrituras del viento
 rubores, certidumbres,
 luz del conocimiento
 naturaleza viva
 cantando en cautiverio.
  
 El círculo cerrado
 que vuelve con los ecos
 retorna a mi memoria
 el ciclo de los buenos
 propósitos del alma
 que clama por los muertos
 y recibe, inesperado,
 su asombro tan discreto,
 sutil por las ausencias,
 gentil por lo sincero, 
 que todo precedente
 es presente en su celo,
 en su santo susurro,
 en su verdad sin miedo,
 en su dolor callado,
 en su cristal de sueño.
  
 Son las siempre íntimas
 materias del acierto,
 golondrinas que orientan
 las rutas del reflejo
 -confusión, laberinto-
 de la invisible y prístina
 presencia de lo inquieto,
 lo que apenas se dice,
 el torpe balbuceo
 de un mar de claridades
 viviendo en tu cerebro.
 Son los signos que nacen
 de los pulsos del tiempo,
 los fantasmas reales
 que limpian los deseos
 para ser infinitos,
 para ser sin infiernos
 libres de las mentiras
 que propagan los vientos
 malignos de los hombres
 esclavos de sus egos.         

Romance de las señales

e van viniendo señales
 que intuyes y no obedeces,
 libres flujos que no sabes
 donde van, de donde vienen.
  
 Deshaces un nudo y sueñas
 con hallar la puerta exacta
 por la que la luz se adentra 
 por la que la voz  se aclara.
  
 Insomne cuando te acercas,
 durmiendo cuando se acalla,
 arrastrado en la extrañeza
 vas perdiendo lo que ganas.
  
 Y en eso andas desasido,                                 
 sin sosiego en la demencia
 de no saber si es domingo
 el día en que te despiertas.
  
 Señales hubo, señales
 como el sol en la ventana,
 la tibieza de los lares,
 amanecer con el alba.
  
 Pero hay fuerzas que te llevan,
 por caminos sin salida,
 claridades que te ciegan,
 errores que no marchitan.
  
 ¡Ay quien pudiera volver
 atrás la vida! Sentir
 de nuevo. Retroceder
 hasta el día en que la vi.
  
 No equivocar el camino,
 con la mente despejada
 resolver el laberinto
 de volver de nuevo a ti.    

Romance solidario con los oprimidos del mundo

igo el rumor de los pasos
 por las esquinas del tiempo,
 traen, tajantes soberbias,
 desatada hambre de perros,
 mecánicas y coléricas
 dentadas ruedas sin freno
 triturando a los humildes   
 con metálicos acentos,
 espeluznante invasión
 que llega -turba de insectos-
 con afán de exterminar
 las mariposas del sueño,
 las rimas que de la vida
 crean la fuerza del genio.
  
 Respiran indiferentes
 estos sátrapas del miedo,
 arrancan de sus raíces
 las cosechas y los nuevos
 brotes de la juventud
 que siempre entrega sincera
 la coraza de sus cuerpos,
 para luchar con el alma
 contra tanto ensañamiento.
 Nada nos será entregado
 si no se exige primero,
 la justicia necesaria
 que redime a los infiernos
 de ser ciudad de los vivos,
 de ser ciudad de los muertos.
  
 Cojan la verdad y limpien
 el rostro del niño muerto,
 vengan con todas sus almas
 a pedir lo que era vuestro,
 la salud que los ladrones
 arrebataron al pueblo,
 el oro que se expoliaron,
 la virtud que nos cogieron,
 venga el fuego contra el fuego,
 la maldad ya sin descanso
 pague por tanto desprecio,
 devuelva lo que no es suyo
 y compre con su dinero
 el perdón de los pecados
 el crimen de sus excesos
 las pieles del latigazo
 las llagas de sus incendios.
  
 Se acabó ya de acatar
 la ley del sufrimiento, 
 las órdenes que nos piden
 obediencias y silencios,
 la paciencia tiene el límite
 del cristal de los espejos,
 es delgada y no soporta
 la sangre de sus reflejos
 la mentira cegadora
 su dolor más ceniciento,
 las oblicuas intenciones
 que llevan al matadero.
  
 Ya es hora llegada, hora
 de acabar con el invento
 que nos hace sus esclavos
 y nos deja en puros cueros,
 yo me junto con ustedes
 para acabar con los Cresos,
 si las palabras no sirven
 vengan los fuegos del fuego,
 la bondad del corazón
 empujada por los fierros.      
        

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