l mundo, aunque no me guste les pertenece a los malos, ellos nunca dudan si tienen un crimen entre las manos, ejecutan sin miramientos siempre lo tienen muy claro cuando tratan de defender sus intereses creados. No les viene de una muerte ni de un robo, ni de un rapto, de si explosiona un avión o colisionan dos barcos, si el accidente es un tiro que llega al destinatario, si descarrilan los trenes si se despeñan los autos si la suerte los decesa por jeringa o por barranco. Importa que siempre queden problemas solucionados, la mujer en su pecera, los hijos bien educados, el tiburón en el mar, y el yate bien atracado, el enemigo en su tumba y el dinero a buen recaudo, el banco sin que se mueva y el dinero a buen recuado, los negocios con los socios y el dinero a buen recaudo. ¿insisto con el dinero para que quede bien claro? Todos lo demás objetos son productos de intercambio, que si joyas y lujurias, que si coches y caballos, que si fiestas de glotones, que si mansiones de mármol, que si chicas pornográficas, que si hectáreas de pasto, que si herencias de familias que si fincas del catastro, propiedades apropiadas con crímenes y a destajo, que mantener el estatus de dueños y soberanos de inmuebles y semovientes les cuesta mucho trabajo. Lugares muy privativos espacios muy reservados donde el brillo del dinero es de buen gusto gastarlo, y a los pobres envidiosos que les den y que les den y que los vayan marcando.
Romances viejos para tiempos nuevos
Romance del diputado tuitero
regunto, sin que me importe, de dónde salió el mancebo que usa palabras hirientes como dagas de tuitero que a todas luces se ve que arremete con denuedo para dar al su señor versión de buen escudero que aprendió bien su lección para bien comer primero que la vida está muy dura y es refugio un parlamento. Gasta maneras serviles y argucias de pendenciero, palabras de ingenio prestado usadas con menosprecio, útiles para servir como se sirven los hierros, para hacer del contrincante un enemigo sin precio que siempre contra los otros se nos define el rastrero, con ideas adaptadas a su feroz falseamiento. Cómo insiste el mancebo, contumaz en el comercio de palabras consumidas en refritos sin refresco en frasecitas de cortos y simplones pensamientos en chulerías menores y en refranes rufianescos que denotan a la vista la pobreza de intelecto que mueve sus intenciones más propias de un cuatrero que las que se le demandan a un elegido del pueblo.
Romance del policía multoso
irculando con su moto de guardia municipal se pasea por las calles como si fuera un sultán, dueño y señor del entorno donde impone su autoridad a base de poner multas por delante y por detrás que los abusos son siempre por no saber controlar que la ley no es la razón para mandar y mandar que quien no sabe sus límites siempre quiere castigar. Si lo miras sin desprecio ves a un cherif literal, si le acercas la mirada ves sus ojos de maldad sus ansias de predador sus maneras de patán sus deseos de hacer daño, sus zarpas de rapiñar los dineros del incauto que caen en trampa fatal para que el los remate aséptico y sin piedad como una plaga de egipto que te llueve sin jamás para dejarte el bolsillo mojama de un funeral. Allá por donde circula se refugia el personal pues su celo justiciero no los deja respirar. El solito con sus multas deja limpia la ciudad, los que caen una vez ya no vuelven nunca más, preferirán otra villa para pasear o cenar donde la fiesta les salga por un coste más normal. ¿Acaso cree ser un ángel de la guardia vecinal? ¿Un apuesto servidor de la limpieza moral? ¿Un devoto de la causa de la justicia cabal? Desengáñese enemigo usted es solo mordaz palo de recaudación, un funcionario fatal para víctimas votantes del poder municipal, que en diciéndose demócrata puede empezar a robar con la conciencia tranquila, con total impunidad. No hablo por boca de ganso, que hablo desde mi verdad: por tomarme un cafelito (cinco minutos no más), me endosó una papeleta de dos cientos pavos real. Pudo asistirle la norma no la justicia moral. Mejor haber entregado los pavos a otro corral, por ejemplo al negociado de un instituto ejemplar de víctimas propiciadas por el abuso estatal o, sin ir más lejos y aquí a un vecino del lugar que es un sombrío parado de extrema necesidad. Otros antes que perderlos en manos de un capellán ceñido por su demencia, de celo profesional, el primo de un tal Torrente, la sombra de un carcamal, asistente del poder con ansias de recaudar. ¿Acaso cree ser un ángel de la guardia vecinal? Que vaya y que se lo mire, que se lo vuelva a mirar: sus víctimas del presente solo piensan con soñar, una venganza imposible, una maldición del mal.
Romance del que no sabe a dónde va (II)
¿dónde va la gente que no sabe a dónde va? Los que afirman las condiciones ¿qué se creen que van a encontrar? ¿reverencias? ¿exaltaciones? ¿el son de la flauta frugal? ¿golondrinas que los orienten? ¿el sagrado pan del maná? ¿o el monstruo que ya estaba allí al segundo de despertar? Un fantasma que nos persigue desde el nacimiento hasta el final Confundiendo lo que imaginas, el rostro claro de la cal, Con los deseos que el misterio nunca acabará de alumbrar. ¿A dónde va la gente que no sabe a dónde va? Tan perdidos por los deslumbres del imposible celestial, con los pies en los precipicios, en los abismos sin piedad, (que así son los raptos el miedo erizados como el coral), paupérrimos de estrellas, torpes en el arte de navegar, tan mezclados y confundidos como las raíces del mal, ¿a dónde seremos llevados? ¿al tiempo de la obscuridad? ¿al prados de los elegidos o al pasto de la eternidad? Cantemos, amigos, cantemos que la discordia elemental está haciendo bien su trabajo de entrarnos en la vacuidad donde seremos los más momios de la codicia fantasmal de querer ser lo que nos sueñan los señores del capital borregos lustrosos en orden dispuestos para batallar las guerras de sus intereses disfrazadas de dignidad: la de ellos luciendo en el pecho y la nuestra en el pedregal. ¿A dónde va la gente que no sabe a dónde va? ¿Serán arrebatados raudos al cielo de la claridad, o caerán en el crudo invierno de la pura imbecilidad? ¿quién puede controlar las reglas que hacen del viento un huracán? ¿quién propone que tu destino sea un producto del azar? No parece un dilema fácil que podamos dilucidar. Si ellos mismos no lo saben ya los mandarán a votar que votar es lo que quieren los perdidos en su desván, inquilinos de las incurias de no saber por dónde van, las turbulencias con sus puentes las corrientes con su piedad.
Romance del que no sabe a dónde va (I)
¿dónde va la gente que no sabe dónde va? Murciélagos oscurecidos en las noches del palmeral, despistados o parapléjicos por las calles de la ciudad buscando respuestas en sombras que cierran las aguas del mar, las claridades de la sangre o los misterios de la paz. ¿A dónde va la gente que no sabe a dónde va? Cruzando las sendas del crimen durmiendo en la piel del cristal los rigores los van llevando con toda probabilidad a los martes del soliloquio a los sueños de la verdad donde toman las decisiones los bardos del aire mental que sufren eternos retornos de fábulas sin caridad como el viento de los sagaces que destruyen la aldea y se van o como el milagro del santo que huyendo del cielo a pecar lo encontró el dios del camino y lo encerró en la soledad. ¿A dónde va la gente que no sabe a dónde va? La sinestesia de las brujas y la entelequia familiar en los círculos prepotentes que viven de la vanidad de querer ser lo que se quieren sin que importe la realidad de lo fatídico y errante, del suplicio que volverá a recordarnos que el dinero es su fuente, su manantial, la despensa de lo siniestro sus espesos muros de sal. Y a la gente la llaman pueblo arcilla para modelar los expertos en las mentiras del arraigo sentimental un barro triste y maleable que quiere y se pone a cantar las canciones del oprimido que se deprime en el sofá al ver, agridulce el anhelo, que el sueño se puede tocar como se tocan las materias del hambre en el cuerpo espectral.
Romance de un paciente recién operado
ronto no te acordarás del nombre de tus amantes, poco a poco o de repente como un pájaro sin aire cayendo en las desoladas metáforas del descarte: polvo en el polvo, ceniza y olvido, alma de embates para los días sin suerte y sus destierros al margen; horas y horas vendidas al solitario calambre de no recordar ya nunca el nombre de tus amantes. Será la prueba eficiente de que siempre fuiste nadie, de que ganó la miseria la mano echada del naipe (ese albur de los destinos que arrastra sentencias graves), la partida que se juega en laberintos de albares, en las brumas del afecto, junto al deseo de un hambre que recompense tu vida de tan olvidar lo que amaste y deje que los desiertos se pueblen de soledades. Y esa desdicha que viene o ha de venir con un martes de tiempo que determine una visión entrañable de una vida distinguida como un pétalo que cae en el agua de una acequia que corre entre palmerales, crecida por las sonrisas en las huellas de la sangre heredada por las ansias de los ojos de mi madre, vida abierta a las alondras sin miedo a que les disparen. Esa vida ha de ser vida (nada será como el antes) sin instancias de la muerte sin sabores que te amarguen sin los miedos de las sombras sin las sombras aberrantes, sustentada por las vigas elevadas por el arte elegida o regalada por los dueños de las tardes que siembran las delicadas semillas para que salves el valor de la verdad la verdad de los desastres, leve de acontecimientos limpio, sereno, elegante roto en la luz y encontrado en el brillo de los árboles.
Romance de la imaginación
oy a dejar que los pies
se vayan adelantando.
La cabeza va después
con sueños de contrabando.
La salud es lo primero
y en la mente se alimenta.
No basta el ojo certero,
es el mito quien lo intenta.
Las bajas pasiones tienen
venenos de mundo lento,
derivas que no convienen,
vapores sin pensamiento.
El arco que tensa el cielo
tiene la fuerza de un brazo
que eleva la flor de un velo
en la fijeza de un lazo.
Tensión y temperamento
para subirme a la torre
del aire en el firmamento
que por la imago se corre.
Virtud y desenvoltura
se premian con la fiereza
del viento que por la altura
impulsa la sangre y reza.
Oraciones son palabras
dispuestas para la marcha,
mágicas abracadabras
que abren cristales de escarcha.
Y en el fondo debes hallar
ese tiempo que se eterna
en saber sin mancillar
el cristal de la lucerna.
Colegas laborales (Haikus arromanzados)
stos cretinos con los que he compartido tanto destino. Ignoran todo cuanto no sea mamar de cualquier modo. Son los esclavos, educados serviles de otros esclavos. Siguen cadenas miserias circulando por las sus venas. Los maldicientes se delatan por ser tan reverentes. Los mamarrachos indignos mamelucos de los despachos. Limpia pelotas, mamporreros del basto como las sotas. En la encamada sucios lobos vulgares, siempre en manada. La voz de su amo, gregarios mantecosos, bichos del ramo. No es necesario insistir en el tema del relicario. No se merecen que sus dioses los nombren para que recen.
Romancillo del perro liberado
n pie tras otro pie
Y un perro nazareno
Por caminos cerrados
Por caminos abiertos
Delante de los hombres
Jadeando va y contento.
Entra raudo en el río,
Desenvuelto y azuzado,
Sus propias decisiones
No requieren del amo
Órdenes ni collares
Cordeles ni mandatos,
Entra fresco en el río
Libre en su desacato.
Ama su sumisión
De perro consumado
Más llegado al arroyo
Se lanza sin recato
A las aguas revueltas
Como un jinete bravo
Entraría en batalla
Sin cuidarse del daño.
La fruición lo arrebata
Indócil más que sabio.
El gusto de vivir
El reto del asalto,
Lo lleva por la sangre
De rebelde callado
Sin pensar que después
Puede venirle un daño.
Su firme decisión
Se olvida del pecado.
Placer de insumisión
Placer de iluminado
Esos grandes placeres
Propios de los esclavos.
¡Qué importa! Si el instante
Se agranda eterno y ancho,
Y el tiempo ya no cuenta
Que cuenta ser sin amo
Un perro nazareno
Saliendo del sembrado
Por trochas renovadas
Senderos no trillados
Que todo es nuevo y sabe
A perfecto y soleado
Día de libertad
Día de nuevo estado
Día para vivir
Proscrito de los palos.
l mundo, aunque no me guste
les pertenece a los malos,
ellos nunca dudan si tienen
un crimen entre las manos,
ejecutan sin miramientos
siempre lo tienen muy claro
cuando tratan de defender
sus intereses creados.
No les viene de una muerte
ni de un robo, ni de un rapto,
de si explosiona un avión
o colisionan dos barcos,
si el accidente es un tiro
que llega al destinatario,
si descarrilan los trenes
si se despeñan los autos
si la suerte los decesa
por jeringa o por barranco.
Importa que siempre queden
problemas solucionados,
la mujer en su pecera,
los hijos bien educados,
el tiburón en el mar,
y el yate bien atracado,
el enemigo en su tumba
y el dinero a buen recaudo,
el banco sin que se mueva
y el dinero a buen recuado,
los negocios con los socios
y el dinero a buen recaudo.
¿insisto con el dinero
para que quede bien claro?
Todos lo demás objetos
son productos de intercambio,
que si joyas y lujurias,
que si coches y caballos,
que si fiestas de glotones,
que si mansiones de mármol,
que si chicas pornográficas,
que si hectáreas de pasto,
que si herencias de familias
que si fincas del catastro,
propiedades apropiadas
con crímenes y a destajo,
que mantener el estatus
de dueños y soberanos
de inmuebles y semovientes
les cuesta mucho trabajo.
Lugares muy privativos
espacios muy reservados
donde el brillo del dinero
es de buen gusto gastarlo,
y a los pobres envidiosos
que les den y que les den
y que los vayan marcando.
regunto, sin que me importe,
de dónde salió el mancebo
que usa palabras hirientes
como dagas de tuitero
que a todas luces se ve
que arremete con denuedo
para dar al su señor
versión de buen escudero
que aprendió bien su lección
para bien comer primero
que la vida está muy dura
y es refugio un parlamento.
Gasta maneras serviles
y argucias de pendenciero,
palabras de ingenio prestado
usadas con menosprecio,
útiles para servir
como se sirven los hierros,
para hacer del contrincante
un enemigo sin precio
que siempre contra los otros
se nos define el rastrero,
con ideas adaptadas
a su feroz falseamiento.
Cómo insiste el mancebo,
contumaz en el comercio
de palabras consumidas
en refritos sin refresco
en frasecitas de cortos
y simplones pensamientos
en chulerías menores
y en refranes rufianescos
que denotan a la vista
la pobreza de intelecto
que mueve sus intenciones
más propias de un cuatrero
que las que se le demandan
a un elegido del pueblo.
irculando con su moto
de guardia municipal
se pasea por las calles
como si fuera un sultán,
dueño y señor del entorno
donde impone su autoridad
a base de poner multas
por delante y por detrás
que los abusos son siempre
por no saber controlar
que la ley no es la razón
para mandar y mandar
que quien no sabe sus límites
siempre quiere castigar.
Si lo miras sin desprecio
ves a un cherif literal,
si le acercas la mirada
ves sus ojos de maldad
sus ansias de predador
sus maneras de patán
sus deseos de hacer daño,
sus zarpas de rapiñar
los dineros del incauto
que caen en trampa fatal
para que el los remate
aséptico y sin piedad
como una plaga de egipto
que te llueve sin jamás
para dejarte el bolsillo
mojama de un funeral.
Allá por donde circula
se refugia el personal
pues su celo justiciero
no los deja respirar.
El solito con sus multas
deja limpia la ciudad,
los que caen una vez
ya no vuelven nunca más,
preferirán otra villa
para pasear o cenar
donde la fiesta les salga
por un coste más normal.
¿Acaso cree ser un ángel
de la guardia vecinal?
¿Un apuesto servidor
de la limpieza moral?
¿Un devoto de la causa
de la justicia cabal?
Desengáñese enemigo
usted es solo mordaz
palo de recaudación,
un funcionario fatal
para víctimas votantes
del poder municipal,
que en diciéndose demócrata
puede empezar a robar
con la conciencia tranquila,
con total impunidad.
No hablo por boca de ganso,
que hablo desde mi verdad:
por tomarme un cafelito
(cinco minutos no más),
me endosó una papeleta
de dos cientos pavos real.
Pudo asistirle la norma
no la justicia moral.
Mejor haber entregado
los pavos a otro corral,
por ejemplo al negociado
de un instituto ejemplar
de víctimas propiciadas
por el abuso estatal
o, sin ir más lejos y aquí
a un vecino del lugar
que es un sombrío parado
de extrema necesidad.
Otros antes que perderlos
en manos de un capellán
ceñido por su demencia,
de celo profesional,
el primo de un tal Torrente,
la sombra de un carcamal,
asistente del poder
con ansias de recaudar.
¿Acaso cree ser un ángel
de la guardia vecinal?
Que vaya y que se lo mire,
que se lo vuelva a mirar:
sus víctimas del presente
solo piensan con soñar,
una venganza imposible,
una maldición del mal.
dónde va la gente
que no sabe a dónde va?
Los que afirman las condiciones
¿qué se creen que van a encontrar?
¿reverencias? ¿exaltaciones?
¿el son de la flauta frugal?
¿golondrinas que los orienten?
¿el sagrado pan del maná?
¿o el monstruo que ya estaba allí
al segundo de despertar?
Un fantasma que nos persigue
desde el nacimiento hasta el final
Confundiendo lo que imaginas,
el rostro claro de la cal,
Con los deseos que el misterio
nunca acabará de alumbrar.
¿A dónde va la gente
que no sabe a dónde va?
Tan perdidos por los deslumbres
del imposible celestial,
con los pies en los precipicios,
en los abismos sin piedad,
(que así son los raptos el miedo
erizados como el coral),
paupérrimos de estrellas, torpes
en el arte de navegar,
tan mezclados y confundidos
como las raíces del mal,
¿a dónde seremos llevados?
¿al tiempo de la obscuridad?
¿al prados de los elegidos
o al pasto de la eternidad?
Cantemos, amigos, cantemos
que la discordia elemental
está haciendo bien su trabajo
de entrarnos en la vacuidad
donde seremos los más momios
de la codicia fantasmal
de querer ser lo que nos sueñan
los señores del capital
borregos lustrosos en orden
dispuestos para batallar
las guerras de sus intereses
disfrazadas de dignidad:
la de ellos luciendo en el pecho
y la nuestra en el pedregal.
¿A dónde va la gente
que no sabe a dónde va?
¿Serán arrebatados raudos
al cielo de la claridad,
o caerán en el crudo invierno
de la pura imbecilidad?
¿quién puede controlar las reglas
que hacen del viento un huracán?
¿quién propone que tu destino
sea un producto del azar?
No parece un dilema fácil
que podamos dilucidar.
Si ellos mismos no lo saben
ya los mandarán a votar
que votar es lo que quieren
los perdidos en su desván,
inquilinos de las incurias
de no saber por dónde van,
las turbulencias con sus puentes
las corrientes con su piedad.
oy a dejar que los pies
stos cretinos
con los que he compartido
tanto destino.
Ignoran todo
cuanto no sea mamar
de cualquier modo.
Son los esclavos,
educados serviles
de otros esclavos.
Siguen cadenas
miserias circulando
por las sus venas.
Los maldicientes
se delatan por ser
tan reverentes.
Los mamarrachos
indignos mamelucos
de los despachos.
Limpia pelotas,
mamporreros del basto
como las sotas.
En la encamada
sucios lobos vulgares,
siempre en manada.
La voz de su amo,
gregarios mantecosos,
bichos del ramo.
No es necesario
insistir en el tema
del relicario.
No se merecen
que sus dioses los nombren
para que recen.
n pie tras otro pie