
He llegado muchas veces tarde en mi vida. He llegado tarde al banquete de tus éxitos, sólo alcancé al óxido de los embutidos o la carcoma de las avellanas de Reus. He llegado tarde a la infancia de mis hijos, ya habían pegado el estirón adolescente, ya estaban preparados para el reproche de que no estuve allí en los momentos decisivos. He llegado tarde al amor de mi vida, ya estaba instalada en el mal uso de las costumbres, en la tristeza de las horas enjambradas de egolatría, en pensar que el amor consiste en estar, exclusivamente pendiente de su sensibilidad. Llegué tarde a ti, ya estabas demasiado usada. No quiero extenderme, ya llego tarde al dentista.