Los rostros del mundo (208) Oración XXXIX

Oración XXXIX 

Señor, déjalo en su solipsismo.
Así es su ser, no lo toques.
Mantenlo en los límites de su estar enraizado.
No dejes que sus días se salgan del sótano
      de sus intereses acordados consigo mismo.
No le permitas salir para escuchar otras voces.
Permanécelo cercado de sí propio.
Déjalo ser como es. Que no cambie.
Conserva sus manías, sus dicterios de autoridad,
sus coleópteros suspendidos de sus labios,
sus matrices y metopas familiares, 
sus filiaciones de cerámica obsoleta,
sus antenas deterioradas por el mal uso,
sus peces decolorados por los periódicos,
sus percepciones de cotilla encorsetada,
sus verdades de verdulero ensimismado,
fiel siempre a sí mismo, fiel a sus paranoias,
a sus lucideces de lucio encharcado, sí,
fiel y orgulloso de sí como un oso polar.

Para qué, si el sólo quiere ser obedecido.

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