Kafka – día 362

KAFKA
  
 Era temperamentalmente interesante
 la condición quejumbrosa, crepuscular
       de su carácter.
 No había observación que no contuviera
 una intensa luz para ver el mínimo fallo
 y un estilete para señalar el lugar del malestar
       que ocasiona el fallo.
  
 La letanía de las quejas sobre su salud
 ha quedado como una marca de agua
 en todas las cartas de los jóvenes escritores
 que dan a entender las señas de su sensibilidad.
 Cartas llenas de quejas 
       y apuntes sobre la delicada salud,
 receptora del alma.
 Es un lugar común que inauguró
 un desdichado profesional, inmerso ya 
 en el mundo agónico del capitalismo.
  
 El juego de la hipocondría, la angustia,
 es una tremenda verdad
 en quien se siente vulnerable.
 Es el miedo omnipresente planeando
 sobre la cáscara de la vida.
 Es el miedo alimentando a la muerte.
 El miedo de Kafka era verdadero.
 El mundo se ha empeñado en darle la razón.     

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