Demagogia – día 357

 DEMAGOGIA  
  
 Hablar en nombre de todos los individuos, 
       es demagogia.
 Hablar con tono mitinero, no es hablar, 
       es demagogia.
 Hablar con el acento de la exigencia, no es hablar,
       es demagogia.
 Hacer el elogio de la pobreza y vivir en la opulancia,
       es demagogia.
 Mentir para sacar un rédito electoral o una plusvalía,
       es demagogia.
 Convencer a la viejecita con los cuentos del Señor
       para que te deje su legado, es demagogia.
 Predicar es demagogia.
 Rezar a Dios y adorar al dinero, es demagogia.
 Decir que el mallorquín no es catalán es como decir
       que el andaluz no es castellano. Inmensa ignorancia
       interesada. Miserable demagogia.
 Hacernos comulgar con ruedas de molino, es demagogia,
 Agitar banderas para agitar emociones, es demagogia.
 Justificar el error propio con la denuncia del error ajeno,
       es demagogia.
 Adular al pueblo es demagogia.
 Afirmar que la patria es un barco a la deriva y postular
       un capitán que nos salve, es demagogia.
 Contarle a la vaca etíope el cuento de la lechera,
       es demagogia.
 Comer ajos y mear colonia, es demagogia.
 Convencer a la gente para ir a una guerra capitalista,
       es la más sepulcral de las demagogias.
  
 La demagogia es como la montaña acerba del paisaje:
       estamos obligados a buscar el paso que nos lleve
       más allá de su obstinado veneno.             

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