
Honor para el hombre que diluye el turbión ciego que lo domina y entra en los mares con pies desnudos oreado por palmas y brisas al ritmo de pífanos anónimos que atrapan el sándalo y lo libran en un arcangélico desastre del que sale lúcido y preciso, deslumbrado por las descuidadas virtudes que nacen del olvido. Siempre yendo adelante por nuevo sin saber las vueltas del camino. Adelante siempre y sin volverse a ver la estatua de su destino.








hora que ya muerta
Ya estas domesticada
Antes la rebeldía
Tu sangre conjugaba
Te impedía vivir
El amor, dónde estaba?
Cantabas injusticias
La voz por las barandas
De las gentes humildes
De las tierras cansadas
Las familias extensas
El dolor de una dama
Perfil de soledad
El amor, dónde estaba?
Cantabas alegrías
Jilguero de las ramas
Vientos de la miseria
Tristezas disfrazadas
Zurciendo los tejidos
El corazón que sangra
Cocinas sin un ángel
Alimentos sin alas
Las perolas vacías
Las verdades negadas
Ahora que ya muerta
Ya estas domesticada.
Vienen los profesores
Los médicos del alma
Los cantantes que buscan
Tu nombre con tu fama
Pero queda tu fuerza,
Libre, desparramada,
Un desierto de arena
Por el aire que clama
El hambre de los niños
Las visiones ancianas
Los actos que deprimen
La luz de la mirada.
Qué poco han cambiado
Las encías que sangran
El mundo de los pobres
Las ruinas de las casas
Los almanaques negros
Las gentes desoladas
Los campos, los esteros,
El sol de la ensenada
El frío de las cumbres
En la danza macabra
Del demonio que gime
Un canto que te alaba.
Herida por amor
Torbellino que arrasa
El hombre que se fuga
Por caminos y tramas
Dejándote en orillas
De selvas y marañas
De clamores violentos
De días sin mañanas
Angustias contra ti
Como armas desatadas
Amor quebrantahuesos
Dulce amor en la cama
“Por ti viví contenta
Sin ti la muerte santa”.