
Administración
Los rostros del mundo (1) Arañas
El conocido aforismo “conócete a ti mismo” que Platón pone en boca de Sócrates cuando reprende a Alcibíades -que quería dedicarse a la política- hace referencia a la necesidad del autoconocimiento antes de querer dirigir a los otros.
Este aforismo lleva implícito un segundo no escrito: “conoce a los otros”.
Si el primero es un enigma a descifrar, el segundo no lo es menos.
La propuesta de LOS ROSTROS DEL MUNDO gira alrededor de ese segundo enigma. La cara como espejo del alma. El rostro como el rastro de ese conocimiento. El poema que lo acompaña como un espejo de palabras. Dos caminos que no se bifurcan pues nuestra naturaleza es social y no existe el uno mismo sin el otro.

ARAÑAS
Soñó con ser cantante en escenarios de adoración y glamour, lejos de las disenterías obreras, de las arañas mentales de las familias pobres, de la suciedad que no permite blandir una espada enjoyada, arrojar una moneda de plata, cambiarte el charol de los zapatos.
Romance de la venganza
A Clint Eastwood Las noticias del horizonte vienen cabalgando despacio, con el polvo de los caminos con el aire del viento amargo. Llegan como las llagas negras, con la voz proscrita del llanto, con la luz clara y transparente del prisma del desierto humano. La soledad se ve a lo lejos. La tardanza es síntoma claro. Si la muerte se nos presenta con la urgencia de sus heraldos habrá que esconderse del miedo con la rapidez del lagarto que deja los señuelos sueltos para poner su vida a salvo. Si la sombra maligna llega adelantando con sus trazos la desgracia que pinta puertas con los signos del mal presagio, buscaremos la noche insigne que nos racime en su regazo, el refugio que nos proteja de la furia de los arcanos que no quieren ser favorables al perfume de nuestros vasos. Si se desatan los martirios de los anhelos empozados la agonía hará crujir la mampostería de los pactos, si la palabra no es posible emergen serpientes y sapos, si la verdad estuvo oculta la venganza cumple sus pasos: no dejará sin su castigo a los cobardes que callaron cuando la injusticia crecía -desnuda piel a latigazos- del hombre que quiso reinar bajo el decoro de los astros. Quién sembró tempestad y muerte en la frontera de los actos servirá carne de cadáver en bandeja para los grajos.






A Clint Eastwood
Las noticias del horizonte
vienen cabalgando despacio,
con el polvo de los caminos
con el aire del viento amargo.
Llegan como las llagas negras,
con la voz proscrita del llanto,
con la luz clara y transparente
del prisma del desierto humano.
La soledad se ve a lo lejos.
La tardanza es síntoma claro.
Si la muerte se nos presenta
con la urgencia de sus heraldos
habrá que esconderse del miedo
con la rapidez del lagarto
que deja los señuelos sueltos
para poner su vida a salvo.
Si la sombra maligna llega
adelantando con sus trazos
la desgracia que pinta puertas
con los signos del mal presagio,
buscaremos la noche insigne
que nos racime en su regazo,
el refugio que nos proteja
de la furia de los arcanos
que no quieren ser favorables
al perfume de nuestros vasos.
Si se desatan los martirios
de los anhelos empozados
la agonía hará crujir
la mampostería de los pactos,
si la palabra no es posible
emergen serpientes y sapos,
si la verdad estuvo oculta
la venganza cumple sus pasos:
no dejará sin su castigo
a los cobardes que callaron
cuando la injusticia crecía
-desnuda piel a latigazos-
del hombre que quiso reinar
bajo el decoro de los astros.
Quién sembró tempestad y muerte
en la frontera de los actos
servirá carne de cadáver
en bandeja para los grajos.
