
Ven y me señalas con el dedo, y me dices lo que soy y lo que no soy y yo te diré que no soy aquello que tu crees que soy ni aquello que tu crees que no soy. Así que, si me señalas con el dedo, te equivocarás siempre. Pero tú, equivocado, no podrás dejar de señalarme con el dedo. Si no me señalas con el dedo eres un desorientado; si no me señalas con el dedo ¿cómo vas a saber dónde estás? Si no me señalas con el dedo estás perdido en la inmensidad del páramo extenso de tu pobreza. .