Romances viejos para tiempos nuevos
Romance de la fauna casera
ienes un perro malvado
que te ladra por el alma
y un grajo que de continuo
chirría tu queja amarga;
tienes un loro funesto
con una sola palabra
más propia de los prostíbulos
que del orden de una casa.
En las horas que meditas
con tu sombra descansada
escuchas a una cotorra
que está siempre de parranda,
más tonta que una botella,
más cretina y más borracha.
Tienes también un cilindro
que martiriza a una rata
dando vueltas a una noria
con un sinfín que no para,
y una avidez por los brillos
que se roban las urracas
por parecer que acumulan
la prestancia de las damas.
Y, ¡por dios! no diré nada
de la fama de tu gata
que se mete por el medio
del amante que en tu cama
pretende, sin conseguirlo,
entrar en tierra sagrada
que él defiende, sarraceno,
con el sable de sus garras.
Y qué decir de esa estirpe
de serpiente que resbala
por pasillos desolados
hasta el fondo de la estancia
donde sola se complace
febrilmente y enroscada,
una totémica bicha
displicente y soberana.
Tanta zoología libre
va campando por tu casa
que ya se oyen los tambores
de la selva que te llama.
Romance de las rarezas
stá la atmósfera callada
con una predicción funesta,
el aire contiene amenazas
las aves se muestran inquietas,
la sombra se agita en el bosque
las almas están indefensas,
la expectación abre su piel
lo quieto de pronto protesta,
las rutinas se paralizan
pero los miedos se aceleran,
las sorpresas abren la boca
las panteras se des-carcelan,
las alimañas se precipitan
en los actos de sus destrezas
pues está llegando el momento
del dominio de las rarezas:
los hombres caídos y rotos
detrás de sus ansias enfermas,
las madres olvidan sus hijos
en los bares de la protesta,
los más ancianos deambulan
con voluntad de marionetas,
del río desertan los peces
de la selva, todas las fieras,
el mar enfurece sus aguas,
los mástiles se desesperan,
los ciegos no ven el silencio,
los desiertos piden clemencia,
el mundo se vuelve confuso
los árboles se nos destierran,
nuestros perros desaparecen
los gatos se comen las hierbas,
nadie camina por la calle
los rayos del sol ya no llegan,
todo es obsceno, todo gime,
las ratas afilan sus lenguas,
las gentes proclaman y gritan
consignas dementes de mierda,
verdades podridas por dentro
del alma que está sin respuestas.
Romance de la traición
a traición es un gusano
que vive en la gusanera
se mueve por intereses
nacidos de su simpleza
un hambre indomesticada
el saldo de una indecencia
treinta monedas de plata
para una vida de mierda.
Si se traicionan los sueños
corrompes la primavera,
debajo de tus alfombras
vas escondiendo miserias
olvidos que te delatan
despojos de sementeras
inclinaciones del miedo
de ver tu rostro de cera
reflejado en los espejos
que siempre miran de cerca
tu cara de felonía
tu jeta de filoxera.
La traición es como un sello,
te va manchando, te impregna,
ella te acota sus marcas
tú vas dejando tus huellas,
ella te talla los trajes
tus dientes cinchan las muescas
que vas dejando los rastros
como una alimaña tensa,
para que quede bien claro
en los claros de la selva,
que si descansas huyendo
descansas como las fieras.
Un parto del invisible
corazón de sinvergüenza
que va latiendo entre sombras
los pálpitos sin defensa
de su afán protagonista
de su sangre traicionera,
de su imagen reflejada
como un Narciso cualquiera
que aspira a ser el primero
de la prole principesca
aunque haya de caer toda
la fama de los profetas,
los mundos y los imperios,
los dominios, las riquezas,
ganados a sangre y fuego
con el sudor de la guerra.
Él ha de quedar primero
aunque todo desaparezca.
Mal haya el malhadado
con su sangre traicionera.
Quede prendido por siempre
en la faz de su quimera.
Romance de K. que no cree en el amor
L desierto tiene vergeles
entre kilómetros de arena
¿no te importa que nunca llegue
el agua que lava la ausencia?
¿Prefieres la pura intemperie
de la soledad y la nada,
estrellas desnudas, relente,
silencios que pulsas sin ganas?
Perdido por los pareceres
de tus opiniones devastadas
tal vez el amor sea una suerte
de imprecisión y encrucijada.
Un lugar donde la voz huye
llevada por vientos remotos,
donde las ganas te consumen
la sed de un cálamo sin fondo.
Ya no lo escuchas, no lo quieres,
lo que ofrece no te compensa,
los oprobios de los ponientes,
las fatigas de las cadencias.
Sus postulados sobre el orden
sus religiones hociqueras,
sus penurias, sus devociones,
sus simulacros de decencia,
han consumido tu deseo,
han desgastado tu clemencia,
han contribuido a la escasez
del alma que gime y se enferma.
P.D. a Antonio Escohotado,
cascarrabias inveterado.
Romance de las monjas cerveceras
aseando por las calles
de un barrio de la ciudad
me fui perdiendo en la tarde
sin saber por donde andar.
A la vuelta de la esquina
me llevé la gran sorpresa,
las monjitas del convento
tomándose unas cervezas.
Cuando estaban calentitas
se pusieron a cantar
“arriba con los pecados
que vamos a confesar”.
“Si nada humano es ajeno
para las hijas de dios,
probemos con otros vicios
probemos la perdición.
Sepamos lo que es el mundo,
las gentes, los feligreses,
las mujeres de la vida
y los morlacos candentes,
los ladrones, los perversos,
los grandes corruptores,
los que se afanan un duro,
los que se roban millones.
Los que regalan su sombra.
los que reparten sus dones,
los pobres mas desgraciados
que no quitan, siempre ponen.
Igualitos que nosotras
que vivimos desprendidas,
siervas de los sentimientos
que no toleran la vida.
Pongamos echar un clavo,
digamos una blasfemia,
será la mejor manera
de conocer las sentencias
que condenan a los hombres
a ser esencias absurdas
y a sus absurdos destinos
que no se terminan nunca”.
El grupito de las monjas
ya se iban arremangando,
entrando en el desvarío
de los delirios borrachos.
Cantando, ranas obscenas,
letrillas de desparpajo,
por escapar del bochorno
me fui largando despacio.
Que está bien la libertad
que busca sus soluciones,
y el fervor que mani-fiesta
las represiones del orden.
¡Vivan las monjas alegres
y los obispos pendones
que la vida son dos días
no nos toquen los cojones!
P.D. Dedicado al ex-obispo de Solsona
humano, demasiado humano.
Romance de la República Interior
e bajado por la orilla
anaranjada del tiempo.
Las ramas que de los árboles
defienden brisas y cuervos,
las corsarias caracolas
que acogen el mar adentro,
las pequeñas maravillas
que defiende el yo del ego,
para que formes tu esencia,
tu persona con su verbo,
más allá de lo aparente,
más allá de ti y más lejos,
me acompañan con solvencia
por las venas que el silencio
va abriendo en las arboledas
anaranjadas del tiempo.
Toda la virtud es poca
para entrar por los senderos
que cercan los mil demonios
del bosque de los deseos;
salud y valor te exigen
para entrar en los aciertos
del cristal que nos revela
el coral del indefenso,
la íntima sangre que pulsa
el corazón del secreto,
allí donde la palabra
dicta su labor y el sueño
anticipa que la vida
es siempre descubrimiento.
Fortaleza y resistencia
para parar al ejército
que busca la confusión
con el barullo del miedo;
que nadie pierda de vista
que todo viene del cuerpo,
el valor y la salud
y el alma que vive dentro,
las verdades que cultivan
las joyas del intelecto,
un invisible tesoro
del que somos manifiesto,
soldados de su república
ministros de su gobierno.